Seguramente Kouchner parafraseó, concientemente, aquella memorable frase de Franklin Delano Roosevelt. Al cuatro veces presidente de los Estados Unidos le preguntaron por que toleraba al dictador nicaragüense Anastasio “Tacho” Somoza, a lo que Roosevelt respondió “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
La realpolitik imperial impone costos que no son para los estómagos sensibles a la democracia y los derechos humanos.
En declaraciones publicadas por el New York Timesel ministro de relaciones exteriores francés criticó la descoordinación política y militar de la Unión Europea, y aunque defendió la política afgana de Obama, afirmó que la OTAN "no funciona para nada" en Afganistán. "¿Cuál es el objetivo? ¿Cuál es el camino? ¿En nombre de qué? ", se preguntó. Es exactamente lo mismo que se preguntan muchos analistas. Aunque la respuesta que encuentran no es enviar cada vez más tropas a una guerra perdida de antemano.
Cualesquiera sea el resultado de las negociaciones que deberían restituir al gobierno al presidente Zelaya, la crisis desatada por el golpe de estado hondureño ha demostrado dos cosas: el creciente protagonismo brasileño en la política continental, junto a las cavilaciones y contradicciones de la política estadounidense para la región.
La audaz maniobra de facilitar el retorno de Zelaya a su país a partir de brindarle asilo en la embajada brasileña obedeció a una serie de factores concatenados. El primero, y no menor, es el reclamo de buena parte de las cancillerías latinoamericanas de posiciones brasileñas más firmes respecto de la resolución del conflicto, visto que la mediación auspiciada por la OEA estaba empantanada. Brasil no podía permitir que su emergente liderazgo quedara cuestionado precisamente por el conglomerado de naciones que pretende encabezar.
Por otro lado, y cuestión no menor, la estabilidad de la democracia en la región estaba seriamente amenazada, en un grado comparable sólo con el intento de golpe de estado contra Hugo Chávez hace 8 años, unánimemente rechazado en la región, por gobiernos de distintos signo ideológico.
Pero fundamentalmente, porque el “darle largas” a la resolución de un conflicto sobre el cual los Estados Unidos tiene la llave maestra, fue leído por Lula, sus asesores y su cancillería (correctamente) como un intento de menoscabo del liderazgo brasileño y de la autonomía en la región. En definitiva, las dudas dentro de la administración Obama sobre el grado de autonomía que “se le debería” otorgar a América Latina, forzaron esta jugada de Brasil, avalada, implícitamente, por casi todo el continente.
Existe en la dirigencia estadounidense, salvo honrosas excepciones, una mirada superficial y un tanto omnipotente sobre las relaciones de poder entre ese país y América Latina, anclada en esquemas de los años ’90, que no reflejan los cambios acontecidos en el continente, y en el mundo, durante la primera década del siglo XXI.
La jugada brasileña en Honduras fue la primera señal concreta y efectiva de que, luego de un siglo, los estados unidos deberá compartir _ ¿consensuar?- sus decisiones con otros actores continentales.
La criminalización de los inmigrantes sancionada institucionalmente por el parlamento italiano – dominado por las huestes de Silvio Berlusconi – constituye la mayor derrota de la democracia en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hace 64 años.
Resulta la culminación de un largo proceso iniciado en las prósperas sociedades del viejo continente a partir de la caída del Muro de Berlín y el triunfo de la Revolución Conservadora con su oleada de privatizaciones, desocupación e inmigración masiva desde los empobrecidos países de Europa del Este, África y América Latina para cubrir aquellos puestos de trabajo necesarios para la estructura productiva, pero insalubres y mal pagos.
Buena parte de la población de Europa Occidental se adaptó con dificultad a los vertiginosos cambios, atrapada en las tenazas del consumismo hedonista e individualista propuesto por la publicidad como eje motor del capitalismo globalizado, y la zozobra económica permanente de la precariedad laboral y la inestabilidad económica. El extranjero, el bárbaro – palabra griega que nominaba a quien no pertenecía por nacimiento a la polis, la ciudad estado- resulta un recordatorio permanente de la doble amenaza que trae aparejada la globalización: el fin de la estabilidad económica y del provincianismo cultural.
Sancionada en plena crisis económica mundial,esta ley ya tenía sobrados antecedentes en la reciente votación del Parlamento Europeo endureciendo la legislación marco sobre el tratamiento de la inmigración en la UE. También en el sostenido y constante crecimiento de los partidos de ideología xenófoba, cuyo mayor “mérito” es haber permeado el discurso de la derecha tradicional y desplazado los ejes del debate sobre la cuestión social desde la defensa del estado de bienestar a la culpabilización al inmigrante como “ladrón” de puestos de trabajo.
Es que en términos políticos elpopulismo de derecha encarnado por un magnate de los medios como Silvio Berlusconi pergeña una vía de escape ideológica y cultural a la crisis estructural del capitalismo, como respuesta anticipada (contrarrevolución preventiva) a la opción de una “salida por izquierda”: la extensión de los derechos sociales, políticos y culturales a partir de la ampliación de la democracia.
Pero no nos engañemos: un personaje con “Il Berlusca” no gana elecciones tan sólo por tener dinero y manejar medios de comunicación. Una buena proporción de la sociedad italiana se identifica con las actitudes, los dichos y los hechos de Berlusconi, conel sistema de valores, la visión del mundo que Silvio encarna.
La derecha puede ser “popular” cuando sabe tocar las cuerdas de lo más negro de la psiquis humana, “virtud” que se potencia si se presentan las condiciones que favorezcan estados de psicosis colectivas. Los traumas institucionales y económicos sufridos por Italia en las dos últimas décadas generaron un suelo fértil para este tipo de propuestas.
El Fascismo, ideología y movimiento originalmente italianos, puede ser considerado una de las primeras derechas de masas de la historia. Benito Mussolini supo interpretar como nadie ciertos valores de las clases medias peninsulares, y como hombre proveniente de la militancia socialista,también encuadrar a parte del movimiento obrero a partir de la satisfacción de ciertas reivindicaciones históricasde la clase trabajadora.
Diríase que un fantasma recorre Europa, pero no ya el del Comunismo profetizado por Marx y Engels hace 160 años, sino del de un Neofascismo que adquiere los ropajes republicanos para pasar de contrabando sus consignas reaccionarias y hacerlas realidad a través de la legalidad del estado democrático de derecho.
Esta paradoja es el desafío que enfrenta la izquierda europea, al que todavía no le encuentra la vuelta, quizás porque se olvidó de abrevar en la añeja tradición de la lucha antifascista del período1930-45. Esa generación de militantes e intelectuales comprendió que la idea de la democracia va siempre unida a la de justicia social, yel concepto de Nación a los valores universales de los Derechos Humanos que los vencedores de la Segunda Guerra plasmaron en la Declaración Universal cuando crearon las Naciones Unidas.
Desafío planteado también para la progresia y la izquierda latinoamericanas: nunca pasó mucho tiempo entre la aplicación de ciertas ideas en el centro del sistema, y su traslado a la periferia.
Seguidor durante años de sus columnas en Clarín, nunca nos conocimos personalmente. Si este blog está linkeado en “afuerayadentro” es gracias a la generosidad de don Oscar – típica de los grandes en cualquier profesión – que rescató una nota de este autor sobre la Franja de Gaza y la colgó junto a la suya sobre el mismo tema: algo así como que Maradona diga “que bien juega este pibe…”.
Se lo va a extrañar, como tipo y como periodista. Gente de su calidad, en este país, no sobra… lamentablemente.
Ríos de tinta han corrido sobre la votación unánime que derogó la resolución de expulsión de Cuba como miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Como bien señaló el Secretario General de esa organización, el chileno José Miguel Insulsa, el carácter “histórico” de esta decisión se verá en el futuro, particularmente si es que, finalmente, el Congreso de los Estados Unidos de América resuelve poner fin al embargo y bloqueo que impuso desde hace más de cuatro décadas a la isla caribeña.
Fidel Castro calificó a la OEA como “ministerio de colonias de los Estados Unidos”, por lo que resulta lógico que el gobierno cubano no tenga interés en reintegrarse a esa organización.
Por otro lado, la actual administración demócrata otorga predominio a la diplomacia por sobre la guerra en el nuevo diseño de su política exterior. El objetivo sigue siendo el mismo que con Bush: sostener el predominio mundial estadounidense. Sólo que la crisis capitalista mundial y el fracaso en Irak han redefinido la agenda y la estrategia.
Distensión parase ser la palabra clave. Calmar las aguas para concentrar todas las energías de la administración Obama en la resolución de la crisis económica y en el máximo desafío geopolítico: la región Afganistán- Pakistán. Se entiende entonces porque la mano tendida al continente.
Es que Cuba ha sido, desde hace cinco décadas, la vara con que se mide la actitud de Estados Unidos hacia Latinoamérica. Para bien o para mal.
Cabe recordar que las raíces de la vocación hegemónica continental estadounidense no nace con la Guerra Fría: hunde sus raíces en el Siglo XIX, con la Doctrina sentada por el presidente Monroe, “América para los americanos” (…del norte, agregamos nosotros…) y la guerra en la que México perdió la mitad de sus territorios heredados del imperio español.
Continúa en el siglo XX con el llamado “Corolario Roosevelt” (Teodoro, presidente a principios del siglo pasado, no confundir con su sobrino Franklin Delano, 4 veces presidente, vencedor de la crisis económica de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial).El “Tío” Teodoro estableció que ninguna potencia extracontinental podía intervenir en Latinoamérica sin solicitar permiso al hermano grande del norte. A partir de 1945 el enfrentamiento con la Unión Soviética reforzó el “cerco” con la creación de la OEA y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).
La Guerra Fría terminó hace 20 años. Por el contrario, la doctrina Monroe sigue teniendo plena vigencia.
Siempre le temí a la metáfora de los futbolistas como modernos gladiadores (por lo poco original). Sin embargo, Pep Guardiola, el DT del Barcelona FC se lo tomó literalmente, como se observa en el video “motivacional” que proyectó a sus jugadores minutos antes de salir a la cancha en el estadio de Roma a disputar la final de la Liga de Campeones de Europa. No sé si Guardiola estará al tanto de las interpretaciones posibles. La primera asociación, la más espontánea, es con el Circo Romano. No por lo sangriento –el fútbol es un deporte de contacto físico, pero ni punto de comparación con una lucha a muerte-. El Circo fue el entretenimiento de masas de uno de los imperios más importantes de la historia. Digamos que el romano es en muchos sentidos el modelo del imperialismo moderno. Michel Hart y Tony Negri tomaron la idea del “Imperio” para analizar los sistemas de dominación en la sociedad capitalista globalizada post industrial – o post moderna, si prefieren-. ¿Serán los jugadores de balompié recolectados de todas las naciones por los empresarios del deporte-negocio-espectáculo los encargados de entretener a las audiencias plebeyas planetarias? La televisión e Internet – controladas por las grandes corporaciones transnacionales- ofrecen una buena plataforma para el Circo Global. Mientras veíamos en casa, o en un bar, las acrobacias de genios del fútbol como Messi o Ronaldinho, los guardianes del Imperio torturaban – secreta, e impunemente- en Abu Grijab y Guantánamo.
La democracia argentina enfrenta los mayores desafíos desde su nacimiento el 10 de diciembre de 1983, pero parece que la dirigencia, los medios de comunicación y la opinión pública todavía no se dieron cuenta.
La actual crisis del sistema capitalista, que puede transformarse en una depresión económica global aún más grave que la iniciada con el crack de Wall Street en 1929 – según opinión de distintos expertos- encuentra al país en una situación particularmente conflictiva en tres frentes: económico, social y político.
Desde el punto de vista económico, el vertiginoso crecimiento de la economía mundial traccionada por China durante los últimos 5 años - y del cual se benefició Argentina gracias a las exportaciones de soja - disimuló la crisis terminal del modelo económico neoliberal basado en la desindustrialización y la apertura absoluta de la economía al capital foráneo. La salida neodesarrollista propuesta y aplicada por Roberto Lavagna consistió en ponerle un parche al modelo, sin cambiar sus piezas maestras. Este “aggiornamiento” fue respetado, en lo fundamental, por el matrimonio Kirchner. Y es aceptado, explícita o implícitamente, por buena parte del arco político.
Las consecuencias sociales directas del neoliberalismo – tan solo mitigadas por la corrección desarrollista- fueron la caída en la pobreza estructural de aproximadamente un tercio de la población – en promedio- durante la última década, junto al empobrecimiento relativo de un importante sector de las clases medias, particularmente las asalariadas. Buena parte de la violencia urbana puede explicarse a partir de generaciones enteras de jóvenes que nacieron y crecieron en la miseria, la marginación y la discriminación.
Desde el punto de vista político, el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la implosión del sistema de partidos a partir de la corrupción endógena y la degradación exógena originada en el tratamiento antipolítico que dan ha los hechos políticos ciertos comunicadores y medios de comunicación – el antipoliticismo es un tópico central en la retórica del espectáculo televisivo, y también en la retórica del discurso neoliberal- han dejado a los argentinos un “Estado Bobo” sin capacidad de gestión, junto a un sistema de partidos desnaturalizado. Las organizaciones partidarias ya no son las proveedoras de proyectos colectivos, liderazgos y cuadros de gestión para la sociedad, sino apenas grandes agencias de “empleo público”, en las que los casos de corrupción son moneda corriente. Dependen de candidatos “mediáticos”, generalmente provenientes de ámbitos ajenos a la actividad política como tal: deportistas, estrellas del espectáculo y poderosos empresarios encabezan sus listas. Los cuadros técnicos son provistos por lo “Think Tanks”, generalmente usinas del pensamiento de la derecha ideológica.
En conclusión: una democracia sinpartidos políticos y sin Estado. Una economía que comienza a padecer los estragos de la crisis mundial, con un sectorindustrialrelativamente débil; que además depende de los ingresos por exportaciones agropecuarias para mantener su nivel de actividad; a la sazón también dominada por grandes conglomerados monopolistas, en la mayoría de los casos empresas transnacionales. Una situación social explosiva, que se traduce en violencia delictiva sistémica y “microestallidos” sociales permanentes.
Una característica notable de esta coyuntura electoral, lo que la hace en extremo peligrosa para la vigencia misma de la democracia, no como un sistema electoral, sino como un modo de vida en sociedad que implica el respeto de los Derechos Humanos tal cual están definidos en la Declaración de las Naciones Unidas y en nuestra Constitución Nacional, es que la agenda de la derecha ideológica - apuntalada por algunos comunicadores y medios de comunicación con gran llegada al público - pone el foco en tres puntos: inseguridad, corrupción política, crisis económica. Y para los tres propone soluciones autoritarias.
Contra la crisis de inseguridad urbana sugiere la transformación del Estado de Derecho Constitucional en un Estado Policíaco – respetando ciertas “formalidades” republicanas- Contra la corrupción política, sostiene a candidatosque basaron su – paradójico- éxito político electoral en un discurso “antipolítico”. Contra la crisis económica – originada en el crack la global del capitalismo de libremercado- reducción de impuestos y… “libertad de mercado”.
Cabe recordar que toda campaña electoral es, básicamente, la puesta en juego de discursos diversos y contradictorios – tal es la esencia de la democracia política- que identifican y movilizan a distintos actores sociales, con intereses muchas veces contrapuestos. Jamás debe ser lo que venimos viendo desde hace mucho tiempo: una puesta en escena marketinera bajo las reglas del “Music Hall” y el espectáculo televisivo.
Urge poner en circulación discursos claramente alternativos que en el devenir de esta campaña confronten contra la pretensión de imponer un “discurso único” por parte de algunos comunicadores y medios. Se trata de ganar votos – ganar voluntades- a partir del sano ejercicio de la palabra, la acción y la propaganda netamente políticas.